Nos encontramos ante un videojuego
nada facil de analizar. Muchos son los seguidores que, año tras año,
han seguido a capa y espada las aventuras que esta saga nos presentaba
y ahora, con la llegada del esperado videojuego a la nueva generación
de consolas, el ánimo de los jugadores se ha desatado.
Por suerte para nosotros, el gremio
de reporteros del videojuego, antes que profesionales en el análisis
de este noble arte, fuimos y somos adictos a ellos. Por suerte en muchos
sentidos, pero por desgracia en otros pocos. Y uno de los puntos flacos
de nuestra profesión es que a veces el ansia, las ganas o nuestro
propio fanatismo, hacen nublar nuestra vista y por ende, nuestra capacidad
de juicio.
Probablemente esto sea lo que ha pasado
con el nuevo GTA IV. Era demasiado esperado y la gente tenía demasiadas
ganas de jugarlo. Y para más inri, el juego de Rockstar Games
no es menos que un juegazo de bandera. Los animos se han exhaltado y
las puntuaciones se han disparado. No me extraña, ni me molesta. Esto
es parte del mundillo de los videojuegos, esa reververación de emociones
que luego se liberan con la salida del juego a la venta mientras la
crítica que, no lo olvidemos, también somos humanos, nos regocijamos
en nuestros comentarios que puede que tiren demasiado alto. Es la emoción
del momento. Me ha pasado con Halo 3 o God of War II. Curiosamente,
suele suceder en secuelas.
Pero, por desgracia, nunca he sido
fanático o seguidor de los juegos GTA. Recuerdo la gracia y los buenos
ratos que pase jugando a las dos primeras entregas, bastante más precarias
gráficamente que lo que vino después, con GTA III. Por aquellos tiempos,
el estilo de juego era bastante más primario que lo esperable, pero
sin duda no estaba falto de cierto carisma.
Bastantes años han pasado de esto.
Ahora nos toca meternos en la piel de Niko Bellic, un emigrante serbio
que da con sus huesos en la peor ciudad de los Estados Unidos. Su primo,
Roman, le ha llenado la cabeza de sueños e ideales y el bueno de Niko
no duda en lanzarse al mar para cruzar el atlantico. Una vez allí se
da cuenta que Roman no es más que un “pringao” más y tendrá que
empezarse a sacar las castañas del fuego al tiempo que ayuda en sus
problemas al incompetente de su primo Roman. La sangre es la sangre.
Así empieza esta aventura. Numerosos
personajes están esperando para entrar en la vida de Niko, para lo
bueno y para lo malo. Y todo esto en una ciudad muy trabajada que nos
brinda innumerables cosas que hacer. En esta ciudad Niko Bellic podrá
desarrollarse y prosperar o convertirse en un “pringao” más. Para
esto último ya tenemos de ejemplo a Roman. Para lo otro, el ejemplo
somos nosotros ¿A donde estaremos dispuestos a llegar en la piel del
rudo serbio?