Halo se ha caracterizado desde sus inicios por una jugabilidad excelente, sino perfecta. El primer Halo de Xbox fue el primer shooter de consola con el que me sentí cómodo jugando con un mando (y os aseguro que era bastante difícil jugar cómodo con el gigantesco mando original de la primera consola de Microsoft). El segundo Halo mantuvo esa perfección en los movimientos, y añadió algunos elementos al juego, muy vistosos y divertidos, como la posibilidad de asaltar vehículos enemigos y neutralizarlos, o hechar a su conductor del asiento con un tierno puñetazo de propina. Y Halo 3 no hace sino respetar todos los puntos excelentes de estos dos títulos anteriores, y mejorar alguna décimas lo que no es mejorable de ninguna manera.
El movimiento es suave y fluído, y el combate se basa en las tres reglas de oro de Halo: ataque a distancia, lanzamiento de granadas y ataque cuerpo a cuerpo. Cualquiera de estas acciones puede realizarse en todo momento, excepto lanzar granadas si estamos equipados con dos armas al mismo tiempo. Se ha incrementado la potencia de salto del Jefe Maestro, alcanzando una cota demasiado poco realista para mi gusto (no estamos en la luna). Se han añadido algunas armas nuevas, como el Martillo Gravitatorio, que se va a convertir en el favorito de los fans a la hora de repartir ostias como panes, gracias a su tamaño y al efecto devastador de su onda sísmica.
Además de armas, también son novedad los elementos de ayuda en el combate, que pueden usar amigos y enemigos: escudos de energía (de espectacular efecto visual), granadas cegadoras, impulsores para saltar, drenadotes de energía vital y demás objetos, la mayoría de los cuales ya pudimos ver en la beta multijugador.
A las 15 horas del modo campaña se deben añadir una cantidad infinita de horas de posible juego online multijugador. Halo 2 se convirtió casi inmediatamente en el juego más popular de Xbox Live, y si a día de hoy no lo sigue siendo es porque Halo 3 ya le debe haber arrebatado el puesto.