Devil May Cry 4
Especial Devil May Cry 4
Vuelve la espada más rápida del infierno
>> Dandel | 17/01/2008 10:19:04
El cuarto capítulo de la saga Devil May Cry está siendo madurado con calma, y cuidando todos los detalles. Capcom es consciente de que los jugadores que poseían una PlayStation 2 en la anterior generación les han puesto el listón muy alto, y no quieren defraudarles. No en vano, la serie DMC ha conseguido labrarse una personalidad propia, a pesar de que nació casi por accidente, ya que originalmente se pensó que el primer juego de la serie fuese una secuela de Resident Evil. Afortunadamente para los amantes de la acción, no fue así. Y es que Devil May Cry 4, al igual que sus predecesores, es en esencia un juego de acción. Un hack & slash, como dirían los roleros; en el que nuestro cometido consiste en derrotar a los enemigos a espadazo limpio. Y por primera vez, será multiplataforma.
La historia de Devil May Cry – que se ha ido desvelando en las anteriores ediciones – nos sitúa en un mundo dividido en dos universos paralelos: el mundo de los humanos y el inframundo, habitado por demonios. El primer Devil May Cry nos presentaba a Dante, un cazademonios que busca al responsable de la muerte de su madre. Dante es el protagonista por antonomasia de toda la saga, y a lo largo de los acontecimientos que se van sucediendo, iremos descubriendo cada vez más detalles sobre su vida, sus antepasados y su verdadera identidad: un descendiente de Sparda, un demonio que se rebeló contra los suyos para proteger a los humanos. Mundus, el rey demonio, fue derrotado por Sparda en el primer DMC nuestro deber era intentar evitar su regreso metiéndonos en la piel de Dante. Así comenzó todo, una historia más compleja de lo que pudiera esperarse en un juego de acción. Los dos primeros capítulos narran la historia de Dante en el presente, y cómo se enfrenta a su destino. En la tercera parte, nos encontramos con una precuela que explica los orígenes del protagonista. Y no queremos explicaros más para invitaros a jugar a las tres aventuras, y no destriparos una historia más que interesante.
En Devil May Cry 4, el argumento da un giro inesperado. Tomaremos el papel de Nero, un huérfano adoptado por la Orden de la Espada, y que se parece tanto en el aspecto físico como en habilidades a Dante, y a su hermano mellizo Vergil (cuya relación conocemos en anteriores capítulos de la saga). El personaje de Nero tiene la peculiaridad de estar poseído por un brazo diabólico, el “Devil Bringer”, que le otorga una fuerza sobrehumana y le permite realizar acciones que nada tienen que envidiar a las habilidades de Dante. Y decimos que la historia da un giro inesperado porque el juego comienza precisamente enfrentando a estos dos personajes en una espectacular lucha que sólo nos hace desear ponernos a jugar inmediatamente para ver más. La pelea tiene lugar a causa de que Nero descubre a Dante asesinando a varios miembros de la orden, y en principio no se nos explicará nada más sobre él, ni acerca de por qué aparentemente ha cambiado de bando súbitamente. Sólo podemos adelantaros que Nero y Dante comienzan siendo enemigos. A eso se le llama empezar con mal pie.
La dinámica del juego mezcla elementos de investigación y puzzle con otros de aporrear botones, machacar enemigos, esparcir sus tripas y mandarlos de una patada de vuelta al inframundo. Más o menos. Las fases de investigación nos llevarán a explorar los espléndidos escenarios del juego. Castillos de arquitectura barroca, catedrales en ruinas, minas abandonadas… se sigue la línea marcada por capítulos anteriores. Eso sí, el trabajo gráfico es excepcional, tanto a nivel de diseño como fotográfico: iluminación, sombras y clima rallan a un gran nivel. No en vano, se utiliza el mismo motor gráfico que en Lost Planet, lo cual puede ayudaros a haceros una idea de lo que os vais a encontrar.
Los momentos de acción consisten en eliminar a todos los enemigos de un área, y en ocasiones serán más de los que os gustarían. La variedad de estos enemigos es bastante amplia, tanto en estética como en habilidades. Los peones del ejército de las tinieblas no son demasiado complicados de eliminar pero vienen en gran número. Pero pronto descubriremos que nos tendremos que enfrentar a enemigos temibles. Algunos se defenderán bien, otros con un sólo golpe pueden acabar con nosotros, y los hay tan rápidos que tendremos que coordinar muy bien nuestros movimientos para poder acertarles. Es en estos momentos del juego donde más diversión encontraremos, ya que los personajes cuentan con un amplio repertorio de combos que realizar. Además, a medida que vayamos acumulando experiencia iremos ganando nuevas habilidades y combos, para ayudarnos a enfrentarnos a los enemigos que nos iremos encontrando.
El colofón de las escenas de lucha lo pondrán los enemigos de final de fase, toda una obra de arte. Si habéis visto vídeos o imágenes de Berial o Echidna; sabréis a qué me refiero. Sobre todo Berial, conquistador del fuego del Averno – tal y como él mismo se presenta – es impresionante, y “casi” dan ganas de dejarse matar para volver a enfrentarse a él.
Para aquellos que se quejaron de la elevada dificultad en el anterior capítulo, han de saber que en esta ocasión tendrán un modo de juego más sencillo a su disposición. Capcom ha pensado en todo el mundo, por lo que quienes tengan más rodaje en el juego podrán jugar con la dificultad normal, que por cierto se las trae.
Por último, me gustaría hacer una mención especial a las escenas cinemáticas que transcurren entre fase y fase, en las que se narra al jugador la historia del juego. Son fases con una realización excelente, y con un gran trabajo de animación. Sobre todo, las más espectaculares son aquéllas en las que se nos muestra a los protagonistas luchando contra enemigos, con una coreografía impecable y efectista. Todo ello adornado con una banda sonora entre tecno y metalera, muy característica de la saga; que nos subirá la adrenalina lo suficiente como para disfrutar del gran juego que se nos avecina.
Recordad: el 5 de Febrero en Xbox 360, PlayStation 3 y PC. Se acerca el primer triple A del 2008.
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