Nunca la espera mereció tanto la pena. Colin McRae, la franquicia de Codemasters que nos ha enganchado desde hace años al mundo del motor como muy pocos juegos han podido, no solía demorarse en presentar una nueva y revitalizada entrega anualmente. Los títulos que aparecían se esperaban como agua de Mayo por los millones de seguidores en todo el mundo pero, no vamos a engañarnos, los cambios solían ser bastante moderados. Esta vez la cosa era diferente, el proyecto muy ambicioso y las pretensiones mucho más altas.
La entrada de Colin en el mercado de nueva generación debía ser por la puerta grande y, para ello, hacía falta mucho más que revitalizar un título que ya lastraba algunas carencias propias de las grandes sagas. Se debía empezar desde el principio, borrón y cuenta nueva. Nuevo motor gráfico, físico y de daños, adaptado a las bondades que brindan las últimas consolas más potentes y, a poder ser, establecer un nuevo punto de referencia en cuanto a técnica y jugabilidad se refiere. Pues bien, tras dos años de intenso desarrollo, parece que lo han logrado presentando un juego excelente lo mires por donde lo mires.
Después de largas sesiones frente a la consola podemos afirmar que no se trata tan solo del mejor Colin de cuantos haya aparecido sino, además, uno de los mejores juegos de conducción que hemos tenido el placer de probar.