Quería seguir la estela de los más grandes, de los Gothic, de los Elder Scrolls, pero en su afán de buscar la grandeza con la que pasar a la historia Two Worlds choca contra el muro de su mala optimización. Jugarlo es sufrirlo. Puede que los amantes del género vean en él una nueva oportunidad de descubrir una historia interesante (aunque no por ello menos típica), luchar contra cientos de rivales, descubrir paisajes fascinantes, ciudades y personajes, de disfrutar realizando todas las misiones secundarias, de descubrir cada uno de sus secretos. Sin embargo para todo aquel que se acercara al género gracias a un Oblivion que parece haber sentado cátedra entre los consoleros, huirán despavoridos al comprobar que debido a una mala conversión tenemos un producto poco atrayente. El paso de ordenador a consola no ha dado el fruto esperado.