Nos encontramos ante un juego muy completo.
Seguramente sea la guinda que adereza a la perfección una saga ya clásica
en el mundo de los videojuegos como es GTA. Posiblemente, los incondicionales
de la saga (que son muchos) han visto cumplidas sus expectativas y es
que GTA IV ofrece todo lo de siempre y mucho más. Sin embargo, es probable
que el jugador que inicia ahora sus andadurías por Liberty City, pierda
la motivación rápidamente ante un desarrollo lento por momentos y
por un interfaz algo monótono (conducción y algún tiroteo) que, pese
a incorporar nodevades como los minijuegos, no consiguen entretener
más de lo estrictamente necesario.
Gráficamente sorprende por la grandeza
de la ciudad y la buena realización técnica de casi todos sus aspectos
visuales, musicalmente es genial y como juego en sí sorprende por meternos
de lleno en la vida de alguien que aspira a salir del pozo. El éxito
está asegurado, sin dudar se lo merece. Sin embargo, personalmente,
creo que GTA IV es una oda a todo el tinglado montado alrededor del
mundillo del Rap americano, las drogas, la violencia, las pandillas
subvurviales y el pensamiento megalomaniaco de muchas de las estrellas
de este estilo musical. Esto está de moda y sin duda, ayuda al tirón
mediatico del título. Por lo menos, Niko no fuma.