La principal sorpresa de Project Gotham 4 es la inclusión de motos en las carreras, que no compiten solo entre ellas, sino que se apuntan también a correr contra coches. Esto aporta una cierta frescura al juego, que aunque se perfecciona cada vez más, tiende a la ser más de lo mismo. Conducir una moto es absolutamente distinto que conducir un coche en el juego: es más fácil colarse entre dos coches, adelantar o hacer una buena salida, pero también es más fácil estrellarse al ser empujados por un Aston Martin que va a 170 km/h. La verdad es que la I.A. no tiene demasiados reparos en llevarse por delante a un motorista cuando de ganar una carrera se trata.
Las motos gozan de una aceleración bastante más alta que la mayoría de los coches, y de un ángulo de giro más elevado, a costa de un menor agarre. Poner la cámara en primera persona con la moto da una sensación de velocidad brutal, pero debo calificarlo de tendencia suicida, pues el movimiento del piloto hace que sea muy difícil coger bien las curvas desde ese punto de vista.
El sistema de Kudos sigue siendo el protagonista de la conducción, aunque se ha modificado levemente. Ahora, cada 100 Kudos conseguidos de un solo movimiento se convierten en una estrella, con lo que se bonifican los movimientos encadenados de un modo más interesante que en PGR 3. Algunos de los modos de juego nuevos hacen uso de estas estrellas, obligando al corredor a no solo acumular Kudos, sino a hacerlo de cien en cien, para alcanzar un cierto número de estrellas necesarias para ganar. Entre los nuevos modos de juego destaca uno especialmente divertido: el Ataque de Conos, en el que básicamente deberemos derribar una cantidad de conos, a veces acumulados en zonas difíciles, mientras corremos hacia la meta.
La curva de aprendizaje de PGR 4 se ha mejorado respecto a PGR 3, disminuyendo el nivel de conducción inicial hasta coches muy asequibles para los que no están acostumbrados a correr, y aumentando lentamente para alcanzar categorías más hardcore de la competición. El nivel de adicción es exponencial, pues si bien al principio tendremos la sensación de que se trata más de lo mismo, pronto nos veremos inmersos en difíciles pruebas de pericia al volante que nos obligarán a concentrar toda nuestra atención en el trazado de la carretera y el tiempo restante. De hecho, en la última carrera que he hecho antes de escribir esto, no he ganado por 47 centésimas de segundo, y tal como ponga el punto final del artículo, volveré a coger el mando para conseguirlo.