Posiblemente nos encontramos ante uno
de los juegos más frenéticos y movidos de los últimos
tiempos. Si el primer Ninja Gaiden ya destacaba por sus movimientos,
saltos y virguerías esta nueva aventura no podía ser
menos. Volveremos a caminar por muros imposibles, a trepar por
paredes verticales, correremos por encima del agua, saltaremos por
barrancos impensables mientras, claro está, realizamos ataques
frenéticos muy pero que muy variados. Por desgracia, los
movimientos acrobáticos se centran en la primera mitad del
juego, pasando después a un segundo plano, cuando la aventura
se vuelve mucho más “machaca-botones”. Es a partir de aquí
cuando las pantallas dejan de tener momentos de saltos y virguerías
para pasar a escenarios más sencillos en los que los enemigos
aparecen normalmente en mayor número. El único fallo
más o menos gordo es, como siempre, la mala gestión de
la cámara en este tipo de videojuegos en tercera persona.
Y hablando de machacar botones… los
ataques que podemos realizar en Ninja Gaiden son muy numerosos,
además, con la cantidad de armas de las que disponemos la
variedad es altísima. Es casi imposible aprendérselas,
las realizaremos por azar, mientras aporreamos el mando y combinamos
los dos botones de ataque con el bloqueo o las direcciones. Gracias a
esto podremos cortar o machacar a nuestro adversario y cuando lo
tengamos reblandecido, amputado o destrozado, lo podremos
“obliterar”, acabando con su miserable vida de forma rápida,
evitando su último, desesperado y bastante dañino
ataque. La pantalla se teñirá de rojo y nuestra
autoestima subirá un poquito.
Las armas no están nada mal,
inicialmente solo contaremos con nuestra espada, pero luego nos irán
dando báculos, hoces, porras, guadañas, espadas dobles,
guardas metálicas, etc. Todos estos artículos serán
actualizables tres veces, con lo que se vuelven más mortiferos
y sus ataques más visuales. También encontraremos armas
de proyectiles como los shurikens, un arco, una minigun acuática
(suena raro ¿verdad?), dagas bomba, etc. Tanto con las armas
cuerpo a cuerpo como con las de larga distancia podremos realizar
ataques cargados mucho más potentes.
Por si esto no es poco, también
dispondremos a medida que avanza la aventura de los nuevos “Ninpos”
que no son más que ataques mágicos. Estos también
son actualizables durante la aventura mediante orbes mágicos,
al igual que ocurre con nuestra barra de energía. El ligero
toque RPG (ligerísimo) nos permitirá básicamente
ampliar ataques, barras de energía o poderes, esto lo podremos
hacer recogiendo la esencia vital de los enemigos vencidos e
intercambiándola en la tienda de Muramasa o encontrando cofres
secretos o pergaminos en cadáveres que quedan diseminados por
el campo de batalla.
No nos encontramos ante un juego
extremadamente largo. Dura, posiblemente, el tiempo que debería
durar un juego de sus características. A través de 14
geniales pantallas, Ryu va desvelando la trama con un nivel de
dificultad a veces desquiciante, incluso en el nivel más
fácil, sobretodo en los enemigos finales. Y es que, en algunos
momentos, es aconsejable dejar de jugar, tomarse una tila, y ponerse
al rato, una vez la frustración haya bajado ya que en
ocasiones nos hartaremos de morir y morir ante un enemigo final hasta
que le cojamos el truco. Por desgracia el título no tiene
ningún tipo de multijugador, aunque siendo realistas, un juego
de estas características no lo aprovecharía. Sin
embargo, es indudable reconocer que la vida útil del juego
será más corta que la de otros títulos que sí
posean multijugador.